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Trasfondo

Los signos del fin del mundo/Los sismos de otoño

 

Carlos Murillo González

“…Todo poder emana del pueblo…el pueblo tiene en todo momento, el inalienable derecho de alterar o modificar su forma de gobierno.”
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos


Los signos del fin del mundo

Tantas cosas pasando en tan corto tiempo: huracanes, terremotos, tsunamis, el retorno de la Guerra Fría, crisis económicas, escasez de agua, todo pareciera indicar la próxima destrucción del mundo como lo conocemos. ¿Estos fenómenos son cíclicos o naturales?, ¿los ha provocado la misma especie humana?, ¿estamos viviendo el fin de los tiempos, la extinción del homo sapiens y otras especies?


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Juego de Ojos

De sirenas y ballenas


Miguel Ángel Sánchez de Armas


Es posible que los calores y la contaminación me hayan reblandecido el seso, pero a mediados del quinto mes de la cuarta transformación siento la urgencia de confesarme en público: no entiendo a las mujeres.

Mi cuata G. tiene un doctorado, el respeto de sus colegas y un ángel de hijo, pero está en el ácido porque transita por el oscuro callejón que va de los 39 a los 40. Otra chómpira, S., también con Ph.D., galardonada con una de las más prestigiadas becas estadounidenses y madre de una linda hija, lo único que quiere es que alguien le diga mamacita en su propio idioma. R., quien desde la preprimaria nunca ha tenido una calificación inferior a diez y se doctoró en la universidad europea de mayor prestigio y antigüedad, está inconsolable porque se le rompió una uña.


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La Mesa de Coordinación para la Construcción de la Paz debe transparentar la actuación de las fuerzas policiales militarizadas


Leobardo Alvarado


La Mesa de Coordinación para la Construcción de la Paz, tiene el gran reto de transparentar lo que sucede en la policía y las decisiones que sobre la seguridad para la ciudad se están tomando en ese espacio. De acuerdo a los boletines que emite la Presidencia Municipal de Juárez los trabajos de intercambio de información que allí se llevan a cabo “han permitido generar un reporte de la situación actual de Ciudad Juárez, el cual es enviado a la Mesa Central de Inteligencia en la Ciudad de México, permitiendo que el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador tenga al alcance toda la información de interés para la generación de políticas públicas.”


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España

Por los caminos de Sancho

México, Sancho y yo


Renward García Medrano


Yo tuve un amigo y maestro, viejo periodista, que no sólo me indujo al oficio, sino que iluminaba con su inteligencia aguda y heterodoxa, los laberintos de la vida del país y del mundo en los dos decenios que nos frecuentamos. Cada semana me reunía a desayunar con don Horacio Quiñones y a veces, con algún invitado. Coincidíamos en mucho, pero teníamos diferencias. Para él era claro que todos los títeres, incluyendo al grueso de los políticos, estudiantes y soldados, eran movidos por las pugnas precoces de la sucesión presidencial, y no por el choque de generaciones y mucho menos de ideologías.

En la huelga estudiantil de 1968, como profesor de la Escuela Nacional de Economía pasaba las noches que podía en la UNAM, al igual que otros y más meritorios amigos, como Lalo y Pablo Pascual, Eliezer Morales o Rolando y Fallo Cordera (Yo no conocía a Woldenberg). Don Horacio no cedía en sus opiniones sobre la marcha de los acontecimientos. La sociedad estaba dividida. Los mayores criticaban a los jóvenes y éstos llegábamos a veces al extremo de la ruptura. La incomunicación inició la debacle de la institución familiar.


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Juego de Ojos
 

 

Para decir México

El sábado fue un hito mexicano, un antes y un después político y social sin paralelo en el presente siglo. Vivimos una jornada de símbolos durante la cual la invocación más frecuente fue aquella que nos identifica como nación y como pueblo, la representación de una solidez de raíces profundas: México.


Decir “México” ¿será como el personaje de la novela de Luis Arturo Ramos quien, rumbo a la América y a la mitad de la mar océano, se pregunta en qué momento dejará de decir “Méjico”, con jota, para comenzar a decir “México”, con equis?


México, lo mexicano, son vocablos que salpican nuestra conversación pero a los que muy raramente damos más que una referencia geográfica: nacimos al sur del Bravo, crecimos en suelo azteca y esperamos que un día nos cubra “esta tierra que es tierra de hombres cabales”.

Miguel Ángel Sánchez de Armas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para decir México

 

 

 

 

Miguel Ángel Sánchez de Armas

 

 

          El sábado fue un hito mexicano, un antes y un después político y social sin paralelo en el presente siglo. Vivimos una jornada de símbolos durante la cual la invocación más frecuente fue aquella que nos identifica como nación y como pueblo, la representación de una solidez de raíces profundas: México.

 

           Decir “México” ¿será como el personaje de la novela de Luis Arturo Ramos quien, rumbo a la América y a la mitad de la mar océano, se pregunta en qué momento dejará de decir “Méjico”, con jota, para comenzar a decir “México”, con equis?

 

           México, lo mexicano, son vocablos que salpican nuestra conversación pero a los que muy raramente damos más que una referencia geográfica: nacimos al sur del Bravo, crecimos en suelo azteca y esperamos que un día nos cubra “esta tierra que es tierra de hombres cabales”.

 

           ¿Cuántos de nosotros vamos por la vida con la conciencia de que estamos construyendo un país y que este país se llama México? ¿Pensamos a México como parte de nuestra vida? ¿Es México sólo una abstracción, un trozo del planeta, el lugar en donde nos tocó vivir? 

 

          México, para decirlo en términos profundamente humanos, debiera ser un ideal que nos enlace y nos ponga en comunión con un sentido de la vida. Ser mexicano no es mejor que ser chino, indonesio, boliviano o ruandés. Pero ser mexicano debiera ser reconocernos como una unidad.

 

           El sentido profundo de lo mexicano debe trascender a la idea de que lo que ocurre en Chihuahua, en Sinaloa, en Michoacán, en Coahuila o en Tabasco, no nos concierne; o que la solución de los problemas que agobian al país es responsabilidad única y exclusiva de la autoridad que cobra nuestros impuestos. Debiéramos convertir la palabra “México” en sinónimo de una comunidad en donde el sufrimiento de los doce millones de indígenas que viven en pobreza extrema nos duela tanto como la desgracia de un ser querido. Cada niño sin escuela, cada campesino sin tierra, cada obrero sin trabajo, cada mujer ultrajada, cada joven sin futuro, cada padre de familia sin esperanzas, están presentes cuando decimos “México” … lo mismo que cada logro, que cada triunfo, que cada paso que damos al futuro. Debemos superar la esquizofrenia de varios méxicos –así, con minúscula- que nos parcelan en estadios en donde unos tienen todo o más que todo y otros lo suficiente, mientras que aquellos, la mayoría, desahogan sus vidas en la marginación y en la penuria.

 

          Cuántas veces decimos “México” sin pensar, sin sentir; sin alegría o sin dolor. ¡Y somos tan jóvenes como nación! Nuestra historia ha ido de la aflicción a la angustia por un camino lleno de espinas hacia un ideal de unidad. Nuestra historia, hasta las primeras décadas del siglo XX, es una de las más dramáticas de la historia universal. Hasta la Revolución de 1910, México era un país en busca de sí mismo. El México de hoy es el resultado de una evolución espiritual e ideológica, pero está muy lejos de ser una tierra prometida.

 

Activemos la tolerancia

           Las palabras “concordia”, “acuerdo”, y “cordial”, tienen como raíz común el corazón. A la idea de concordia yo enlazaría un concepto manido y poco reflexionado que es el de tolerancia. El término se usa mucho, especialmente en política, pero se queda en un nivel muy elemental, como en el de soportar al otro aunque tenga diferencias con mi punto de vista o mi visión del mundo.

 

          La tolerancia es un concepto más complejo, que incluye un proceso de recomposición de mi propio punto de vista para colocar en un cierto lugar las diferencias que tengo con el otro. Por eso creo que nos hemos quedado en un nivel de debate muy elemental: acepto -porque la ley así lo determina y no por otra cosa- que otro piense diferente. Pero mi cosmovisión no lo admite y en el momento que sea oportuno intentaré arrebatarle esa opción de ser, de tener un lugar, para que sólo haya otros que comulguen conmigo.

 

           La tolerancia, nos dice el escritor israelita Amos Oz, implica también compromiso. Tolerancia no es hacer concesiones, pero tampoco es indiferencia. Para ser tolerante es necesario conocer al otro. Es el respeto mutuo mediante el entendimiento mutuo. El miedo y la ignorancia son los motores de la intolerancia.

 

           La tolerancia consiste en la armonía en la diferencia. No sólo es un deber moral, sino además una exigencia política y jurídica. La tolerancia, la virtud que hace posible la paz, contribuye a sustituir la cultura de guerra por la cultura de paz.

 

          La tolerancia, dice Teresa de la Garza, “es la virtud indiscutible de la democracia, y la intolerancia conduce directamente al totalitarismo. Una sociedad plural descansa en el reconocimiento de las diferencias, de la diversidad de las costumbres y formas de vida”.

 

El valor de la decisión personal

          Por estos días recorre el mundo, y entre nosotros, la imagen de que México es un país en problemas. A la brutal desigualdad, a la criminal impunidad, al asfixiante centralismo, se suma la violencia del crimen organizado en sus diversas facetas. ¿Cien mil muertos? ¿Miles de secuestrados? Debía bastar uno solo para generar una gran alerta nacional.

 

          Sustituir la cultura de la guerra por la cultura de la paz. Detengámonos unos instantes en este concepto. México, escuchamos a diario, está en una guerra contra el crimen organizado que se ha ramificado en toda la sociedad. Pero hay otra guerra en la que hemos fracasado: la guerra contra la pobreza que agobia a nuestro pueblo. “El mal que causa mayor sufrimiento –dice H. Cohen- es la pobreza. La pobreza es la figura histórica en la que se concreta el sufrimiento de la humanidad; pero la pobreza no es una fatalidad, un destino: es causada por el ser humano. Por ello es histórica y por ello es una injusticia. Si la desigualdad entre los seres humanos es resultado de la acción humana, ¿tiene sentido hablar de igualdad? No, si no asumimos la responsabilidad de la injusticia. El pobre no es pobre porque pague una culpa, sino porque vive en una situación de injusticia creada por los otros hombres… y por lo tanto, éstos tendrán que responder por ella”. Aquí está la verdadera guerra que debemos librar. El crimen organizado es sólo una consecuencia. La raíz profunda de nuestros males es la pobreza y la injusticia que no hemos sabido solucionar.

 

          Al decir “México”, debiéramos abrir los ojos y el corazón al momento que vive la nación. Nos horrorizamos con las imágenes en el noticiario y las narraciones de los diarios, pero somos autistas para lo que no nos afecta directamente. No pensamos, como lo advirtiera Martin Niemöller, que la inacción frente al mal pavimenta su camino a nuestra puerta. Todos recordamos la última línea de aquel su doloroso verso: “Y entonces vinieron por mi… pero ya no había nadie que alzara la voz”.

 

          Me parece que la reconstrucción de la idea de “México”, pasa por recuperar el sentido y el valor de la acción individual. Los asesinatos nos indignan, pero no nos mueven a la acción. Leemos las cifras de los muertos en el combate al narcotráfico como las de la cuenta de cadáveres en eI Yemen o las cifras del genocidio en Ruanda. La conducta indignante de políticos, empresarios y la presunción de que han delinquido, apenas nos merece un alzamiento de hombros. Que doce millones de mexicanos sobrevivan con diez pesos al día ha dejado de ser noticia.

 

          “¿Qué puedo yo hacer?”, se preguntan el hombre en su trabajo, los jóvenes en las escuelas, las madres en sus hogares. La respuesta es casi siempre: “¡Nada!” Mas si pensáramos a México como un cuerpo, como una totalidad, como una idea superior, llegaríamos a la certeza de que, al ser parte de un todo, nuestra acción individual adquiere sentido, fuerza, peso específico.

 

La Orden de la Cucharita

          Jóvenes y viejos tenemos la responsabilidad de cambiar el estado de cosas. ¿Pero cómo? Con un compromiso personal e intransferible, con la convicción de que en nuestras manos está el comienzo de la solución. ¿Suena utópico? Espero que no.

 

          En su libro Cómo curar a un fanático, Amos Oz nos dice:

 

          “Creo que si una persona atestigua una gran tragedia –digamos que un incendio- siempre tiene tres opciones. La primera: echar a correr lo más rápido posible, alejarse y dejar que se quemen los más lentos, los débiles y los inútiles. La segunda: escribir una colérica carta al editor de su diario preferido y exigir la destitución de todos los responsables de la tragedia; o en su defecto, convocar a una manifestación. La tercera: conseguir una cubeta de agua y arrojarla al fuego; en caso de que no se tenga una cubeta, buscar un vaso; en ausencia de éste, utilizar una cucharita –todo mundo tiene una cucharita.

 

          “Sí –dice Amos Oz-, cierto que una cucharita es pequeña y que el incendio es enorme… pero somos millones, y todos tenemos una cucharita. Quisiera fundar la Orden de la Cucharita. Quisiera que aquellos que comparten mi visión –no la de echarse a correr, o escribir cartas, sino la de utilizar una cucharita- salieran a la calle con el distintivo de una cucharita en la solapa, para que nos reconozcamos quienes estamos en el mismo movimiento, en la misma fraternidad, en la misma orden, la Orden de la Cucharita.”

 

          Es decir, la suma de las aparentemente pequeñas voluntades y acciones es lo único capaz de poner remedio a los más grandes males. En el caso de México, esos males se llaman pobreza, desigualdad, injusticia e impunidad. Todos tenemos una cucharita para terminar con ellos. Sólo la suma de las acciones y voluntades individuales desbrozará el camino al México que deseamos heredar a nuestros hijos.

 

 

 

02 de diciembre de 2018

 

 

 

@juegodeojos  facebook.com/JuegoDeOjos sanchezdearmas.mx

 

 

Miguel Ángel Sánchez de Armas

[email protected]

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Tuit: @sanchezdearmas

Blog: www.sanchezdearmas.mx

 

 

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Miguel Ángel Sánchez de Armas. : Profesor del postgrado en comunicación de la Universidad Iberoamericana, campus Ciudad de México. Doctor en comunicación por la Universidad de Sevilla. Autor de diversos libros, entre ellos Apuntes para una historia de la televisión mexicana; El enjambre y las abejas: reflexiones sobre comunicación y democracia, y En estado de gracia. Conversaciones con Edmundo Valadés. Fundador de la Revista Mexicana de Comunicación y de la Fundación Manuel Buendía, A.C. Ha sido conferencista en universidades del país y del extranjero y tiene numerosas participaciones en congresos nacionales e internacionales. Ejerce el periodismo desde 1968. Su columna semanal “Juego de ojos” se publica en México, Estados Unidos, Sudamérica y España.

 

 


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    Y yo por qué?
    Se les hincaba a los juarenses, les lloraba para que lo eligieran mandamás y juraba, desde ese alto encargo, terminar con la pesadilla de la sangre.
    Eso era en campaña, cuando la violencia no se le caía de la boca como bandera junta votos, porque, ya para estos días, el fundamental tema ha desaparecido del discurso de Corral.
    Pero explotaba la matanza incluso desde mucho antes de esa etapa proselitista --o es que ya lo era?-- cuando se lo echaba en cara a su antecesor desde la tribuna del senado.
    Lo agarraba de los taneiros un día sí y otro también, lo exhibía de inútil y le exigía seguridad para los chihuahuenses.
    Ahora, por el contrario, con cara de que está hablando en serio, afirma que el es gobernador y no policía para andar tras los matones, en lo que viene a ser una variante del famoso "¿Y yo por qué?" de demente Fox.
    Y pues quién le entiende, se ha lanzado duro contra todo proyecto, decisión y propuesta de Andrés Manuel López Obrador, pero al mismo tiempo...le implora que venga a enderezarle el barco con la Guardia Nacional que tanto vituperó.


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El duelo de los futbolistas que pierden un clásico


Ramón Quintana Woodstock

 

Los domingos es religiosamente el desayuno acompañado de periódicos como el Universal, en éste me une un vinculo afectivo, ya que ahí reportea David Fuentes, periodista que salió de Televisa Juárez básicamente coaccionado por Héctor González. David se cayó ´parriba, ahora es un ínclito investigador, que se codea con Héctor de Mauleón y más de tres veces ha sido citado por Sergio Sarmiento, anda con los grandes de la pluma.

Leo en el Universal: “Redes exhiben fiesta de jugador de Chivas tras perder el clásico” “Por un video de Instagram quedó evidenciado que rápido olvidaron la derrota del América”.



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Altozano y el Nobel de la estulticia

 

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Desde las tres esferas de gobierno, la ciudad, vista desde arriba, queda en el subterráneo, tres pisos debajo de la superficie, suponiendo que ellos están encima 103 pisos apuntando al cielo. Nosotros no somos noticia nacional, ni aunque haya masacres consuetudinariamente, es mucho más feroz una noticia -por decir algo- que se tropiece el actor del cristo de Iztapalapa o que los patines no pueden estar en las banquetas de la Ciudad de México, porque la gente tiene reflejos de vaca, y no puede brincarlos. Eso es súper importante.

 

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La desatada cacería de agentes ministeriales a manos de sicarios ¿se debe a?
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Cinco cosas que podrían mejorar las finanzas y servicios públicos que el municipio no quiere que sepas. La número cuatro te sorprenderá

 

Juan Hernán III Ortíz Quintana

Antes de continuar, las cinco son propuestas serias y viables. Decir que la número cuatro te sorprenderá es sólo una broma que rememora algunos anuncios de Internet.
La idea es simple, cinco propuestas que de realizarse el gobierno municipal ahorraría dinero y con eso mejorar sus servicios.
Puede parecer que se adelanta a los tiempos electorales y de campaña. Pero no, las campañas del 2021 se están jugando desde ahora.
Bien, sin más vayamos a las propuestas.


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A la Cabeza

Augures

 

Francisco Flores Legarda


Si quieres dejar de hacer lo que haces,
deja de ser lo que no eres

Jodorowski
 

Los augures de la catástrofe están a la expectativa de que el Armagedón se realice, más pronto que tarde, sobre suelo mexicano. En los tiempos de López Obrador, que no son sus tiempos. Son los tiempos del mundo globalizado, interconectado, de frágiles equilibrios. Globalización con una arquitectura financiera que gobierna el mundo. Globalización que enfrenta desafíos desde el momento en que la gobernanza financiera no es suficiente para encontrar un modo definitivo para un gobierno mundial.


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