Flash Informativo... Desde que tomó las riendas del Ejecutivo en Chihuahua, el corralismo operó para tomar el control de los demás poderes en el estado, empezando por el Judicial. (...) / Francisco Flores Legarda (Cartas al director)
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Trasfondo

Los signos del fin del mundo/Los sismos de otoño

 

Carlos Murillo González

“…Todo poder emana del pueblo…el pueblo tiene en todo momento, el inalienable derecho de alterar o modificar su forma de gobierno.”
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos


Los signos del fin del mundo

Tantas cosas pasando en tan corto tiempo: huracanes, terremotos, tsunamis, el retorno de la Guerra Fría, crisis económicas, escasez de agua, todo pareciera indicar la próxima destrucción del mundo como lo conocemos. ¿Estos fenómenos son cíclicos o naturales?, ¿los ha provocado la misma especie humana?, ¿estamos viviendo el fin de los tiempos, la extinción del homo sapiens y otras especies?


Más Trasfondo

Juego de Ojos

Carta a García


Miguel Ángel Sánchez de Armas


En un frío atardecer de febrero de 1899 en su casa de Búfalo, Elbert Hubbard y su hijo Bert se lamentaban de los inútiles esfuerzos gastados en la misión imposible de poner a trabajar a colaboradores cuya apatía “legaba a lo criminal”.

A punto de darse por vencidos, recordaron la anécdota del soldado Andrew S. Rowan, una suerte de Miguel Strogoff cuya hazaña fue decisiva para el desenlace de la guerra entre Estados Unidos y España en Cuba. El presidente yanqui debía enviar una carta al general García, cuyo paradero en la selva cubana nadie conocía con precisión. En el relato, Rowan es comisionado y al recibir la orden sólo pregunta una cosa: “¿Para quién es el mensaje?” “Es para  el general García”, fue la única respuesta. No preguntó de qué medios dispondría para llevar a cabo esa tarea, ni si le iban a pagar por ello. Tampoco preguntó qué plazo le daban y si tendría algún ascenso si lo lograba. El mensajero del Presidente se limitó a cumplir con su deber.


Más Juego de Ojos

 

MarcaPasos

La Mesa de Coordinación para la Construcción de la Paz debe transparentar la actuación de las fuerzas policiales militarizadas


Leobardo Alvarado


La Mesa de Coordinación para la Construcción de la Paz, tiene el gran reto de transparentar lo que sucede en la policía y las decisiones que sobre la seguridad para la ciudad se están tomando en ese espacio. De acuerdo a los boletines que emite la Presidencia Municipal de Juárez los trabajos de intercambio de información que allí se llevan a cabo “han permitido generar un reporte de la situación actual de Ciudad Juárez, el cual es enviado a la Mesa Central de Inteligencia en la Ciudad de México, permitiendo que el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador tenga al alcance toda la información de interés para la generación de políticas públicas.”


Más MarcaPasos

 

desde
España


¿Adelantará Pedro Sánchez las Elecciones en España?

Germán Gorraiz Lopez

La desafección política de la sociedad española motivada por los sangrantes casos de corrupción del PP (cuyo paradigma sería la sentencia del Caso Gürtel), generó un tsunami popular de denuncia del actual déficit democrático, social y de valores originando un “caos constructivo” que facilitó la presentación de una moción de censura por parte de Pedro Sánchez, quien tras lograr el apoyo del resto de partidos de la oposición consiguió finiquitar el Gobierno de Rajoy y abrir un horizonte limitado en el tiempo para intentar implementar una nueva cartografía socio-política del Estado español.


Más desde España


Por los caminos de Sancho

México, Sancho y yo


Renward García Medrano


Yo tuve un amigo y maestro, viejo periodista, que no sólo me indujo al oficio, sino que iluminaba con su inteligencia aguda y heterodoxa, los laberintos de la vida del país y del mundo en los dos decenios que nos frecuentamos. Cada semana me reunía a desayunar con don Horacio Quiñones y a veces, con algún invitado. Coincidíamos en mucho, pero teníamos diferencias. Para él era claro que todos los títeres, incluyendo al grueso de los políticos, estudiantes y soldados, eran movidos por las pugnas precoces de la sucesión presidencial, y no por el choque de generaciones y mucho menos de ideologías.

En la huelga estudiantil de 1968, como profesor de la Escuela Nacional de Economía pasaba las noches que podía en la UNAM, al igual que otros y más meritorios amigos, como Lalo y Pablo Pascual, Eliezer Morales o Rolando y Fallo Cordera (Yo no conocía a Woldenberg). Don Horacio no cedía en sus opiniones sobre la marcha de los acontecimientos. La sociedad estaba dividida. Los mayores criticaban a los jóvenes y éstos llegábamos a veces al extremo de la ruptura. La incomunicación inició la debacle de la institución familiar.


Más por los caminos

 

 

 

 
Juego de Ojos
 

 

En defensa de la palabra

Hace 36 años, el entonces gobernador-cacique de Guerrero, Rubén Figueroa, lanzó amenazas contra Manuel Buendía nada menos que en la sede del Poder Ejecutivo después de una audiencia con el presidente José López Portillo. En respuesta, una impresionante movilización ciudadana y profesional se congregó alrededor del periodista en un desayuno en el antiguo hotel Del Prado el 17 de julio de 1979.

Ahí, ante sus pares y frente a una multitud de lectores que desbordaba el salón, con serena emoción don Manuel dijo:

“Allá, en los pueblos del interior, es donde el periodismo requiere auténtica valentía personal, porque las banquetas son demasiado estrechas para que no se topen de frente -por ejemplo- el periodista y el comandante de policía de quien aquél hizo crítica en la edición de esa misma mañana. Aquí la incomodidad más seria que sufrimos es la de no encontrar mesa en nuestro restaurante favorito de la Zona Rosa.

Miguel Ángel Sánchez de Armas

 

 

 

 

 

                                                                

En defensa de la palabra

 

 

 

 

Miguel Ángel Sánchez de Armas

 

 

 

Hace 36 años, el entonces gobernador-cacique de Guerrero, Rubén Figueroa, lanzó amenazas contra Manuel Buendía nada menos que en la sede del Poder Ejecutivo después de una audiencia con el presidente José López Portillo. En respuesta, una impresionante movilización ciudadana y profesional se congregó alrededor del periodista en un desayuno en el antiguo hotel Del Prado el 17 de julio de 1979.

 

Ahí, ante sus pares y frente a una multitud de lectores que desbordaba el salón, con serena emoción don Manuel dijo:

 

“Allá, en los pueblos del interior, es donde el periodismo requiere auténtica valentía personal, porque las banquetas son demasiado estrechas para que no se topen de frente -por ejemplo- el periodista y el comandante de policía de quien aquél hizo crítica en la edición de esa misma mañana. Aquí la incomodidad más seria que sufrimos es la de no encontrar mesa en nuestro restaurante favorito de la Zona Rosa.

 

“Allá, en los Estados, donde los estrechísimos círculos del poder local acogotan la economía de los editores combativos y pretenden lastrar el desempeño de los escritores comprometidos, el ejercicio del periodismo reclama una entereza excepcional. Aquí, donde las dicotomías del sistema se dan tan próximas a nosotros, de algún modo podemos arreglárnoslas para que los rayos no caigan precisamente sobre nuestro propio paraguas. Allá, donde las pequeñas comunidades de colegas pueden ser sometidas con la relativa facilidad por el puño del cacique regional, el grito de un reportero que ha recibido una paliza apenas se escucha afuera de sus propios dientes…si es que le quedan.

 

“Aquí, en la monstruosa caja de resonancia de la metrópoli, se da -como fruto de la pertinaz  acción de las individualidades o de los clubes, del Sindicato y de otras agrupaciones como la de los Periodistas Democráticos- se da, repito, el hecho espléndido de una comunidad periodística cada vez más amplia, más integrada, más solidaria. Y dentro de este ámbito, ya no hay reportero, comentarista, fotógrafo o camarógrafo que se sienta solo, si en legítimo ejercicio de su profesión sufre agresiones físicas o morales, amenazas y cualquier otra suerte de manifiesta o larvada represión.”

 

* * *

Cada año, en estas fechas, publico la misma columna. Sólo actualizo el tiempo transcurrido y añado alguna reflexión. Es la machacona esperanza de que algún día sabremos la verdad sobre el asesinato de Manuel Buendía Tellezgirón: quién tomó la decisión, quién organizó el operativo, quiénes consiguieron el arma, planearon la emboscada y jalaron el gatillo; quiénes protegieron –o eliminaron- a los pistoleros.

 

¿Los que han purgado condenas por el homicidio son realmente los responsables? Un juez así lo consideró y al parecer habría otros motivos para mantenerlos en prisión. El supuesto autor material niega su participación y el sentido común dice que el o los autores intelectuales escaparon a la justicia y que la muerte del periodista fue parte de un complot que por supuesto nadie está en condiciones de probar.

 

Si no ley, una constante de la historia es que los asesinatos políticos nunca se esclarecen del todo. Y los de los periodistas jamás, ni en el primer ni en el tercer mundo. Acá nos preguntamos quién mató a Buendía. En Estados Unidos se preguntan quién mató a George Polk.

 

Es notable, pero nada asombrosa, la estupidez de quienes creen que mediante la eliminación de periodistas pueden protegerse a sí mismos o poner remedio al enojo, al desasosiego o a la inquietud social. Una y otra vez el resultado es, para ellos, contraproducente. Porque la memoria y la palabra no pueden ser asesinadas: Manuel Buendía se transformó en un símbolo cuando aún no exhalaba el último aliento, lo mismo que Polk.

 

Ese símbolo es el del columnismo que sirve a la sociedad y no a quien se cree dueño del espacio en los diarios. Un día don Manuel escribió: “No entiendo un periodismo sin ideales. Ni el reporterismo, ni la entrevista, ni el reportaje, ni el artículo, ni la crónica, ni el editorial, ni mucho menos géneros de tan comprometido ejercicio como la columna, pueden llevarse a cabo sin un ideal ¿cuál es ese ideal? Servir a nuestro país con los recursos del periodismo”.

 

Por fortuna en la historia encontramos ejemplos de esta forma de pensar. Walter Lippmann fue considerado el columnista más influyente entre los lectores norteamericanos durante más de 30 años. Hombre complejo, tenaz y brillante, tuvo, como Buendía, la conciencia de que su oficio estaba investido de la grave responsabilidad que da el foro público. Durante la dramática campaña presidencial estadounidense de 1940, al ser cuestionado sobre su posición política, tomó la oportunidad para una definición: “Los columnistas que se echan a cuestas la tarea de interpretar los hechos sociales no deben verse a sí mismos como personajes públicos frente a un electorado frente al cual son responsables”. Y en su columna Today and Tomorrow del New York Herald Tribune escribió:

 

“Me parece que cuando el columnista se ve a sí mismo como una personalidad pública, más allá del valor intrínseco y la integridad de lo que se publica bajo su firma, deja de razonar con la claridad y la objetividad que sus lectores tienen el derecho de esperar de él. Cual un político, adquiere una imagen pública que él mismo llega a admirar. Entonces comienza a preocuparse por preservarla y mejorarla. Y entonces su vida personal, su autoestima, sus lealtades, sus intereses y ambiciones se vuelven indistinguibles de su juicio sobre los hechos sociales.

 

“En treinta años de periodismo creo haber aprendido a conocer los despeñaderos de la profesión. Y dejando de lado las formas más toscas de la corrupción –como el beneficiarse de información confidencial, exaccionar favores a quienes tienen el poder para darlos y hacerse esclavo de la moda- la más insidiosa de todas las tentaciones es creerse a sí mismo un actor público en el escenario de la sociedad más que un atento escritor de artículos periodísticos sobre algunas de las cosas que suceden en el mundo.

 

“Mi postura es que escribo sobre asuntos sobre los cuales creo tener algo que decir, pero como persona no soy nadie de particular importancia. No soy un consejero áulico o un asesor general de la humanidad, y ni siquiera de aquellos que ocasional o frecuentemente leen lo que escribo. Éste es  el código que sigo. Lo aprendí de Frank Cobb, quien durante el largo año de su agonía una y otra vez me aleccionó sobre el hecho de que más periodistas habían sido arruinados por la egolatría que por el licor. Y él había tenido la oportunidad de estudiar los efectos de ambas clases de intoxicación.

 

“El escritor individual no es un personaje público; o por lo menos no debería serlo. Tampoco es una institución ni el repositorio de la ‘influencia’ ni del ‘liderazgo’. Es un reportero y un comentarista que pone ante sus lectores sus hallazgos sobre los temas que ha estudiado y así deja las cosas. No puede abarcar el universo, y si comienza a imaginar que ha sido llamado a tal misión universal, pronto dirá menos y menos sobre más y más cosas hasta que finalmente comience a decir nada sobre todo”.

 

* * *

Después de esta luminosa cita de Lippmann, reproduzco mi columna de cada año:  

 

Hace 31 años murió asesinado Manuel Buendía Tellezgirón.

 

Aquel 30 de mayo de 1984 fue miércoles. Por la tarde, el autor de “Red Privada” -la columna cuyo nombre se ha hecho sinónimo de lo mejor de nuestro periodismo- abandonó la oficina que rentaba en un viejo edificio de Insurgentes, a la altura de la Zona Rosa en la ciudad de México, y se dirigió al estacionamiento público en donde guardaba su auto. Ahí, en la puerta, fue emboscado. Un sicario lo ultimó de cinco tiros por la espalda.

 

El día pardeaba. Vehículos y peatones congestionaban la principal avenida de la capital. El crimen, frente a testigos, fue en realidad una ejecución, una advertencia. Las fotografías del cadáver de Buendía sobre la acera dieron la vuelta al país y al mundo: en aquel México, tal era el fin que aguardaba a los practicantes de un periodismo crítico, analítico y, sobre todo, independiente.

 

Veintiocho años han transcurrido y mucha agua ha pasado bajo nuestros puentes. Hoy reconfirmamos que la muerte de Buendía fue ejemplar, pero no en el sentido en que quisieron sus asesinos. Un instante después de la primera oleada de dolor y miedo, en el periodismo mexicano se refrendó el compromiso con la libertad. Y conforme pasan los años, nuevas generaciones de periodistas encuentran en Manuel Buendía un ejemplo de ética, valentía y rigor profesional y personal. Don Manuel sigue entre nosotros por la sencilla razón de que la esencia del periodismo en el que él creía sigue siendo la misma.

 

Recuerdo a Buendía de muchas formas. Su cálida amistad y el sentido de humor con que engalanaba su trato. La solidaridad y el culto a la amistad. Su profunda convicción de estar transitando por el mejor de los caminos profesionales. Una vez escribió: “Ni siquiera el último día de su vida, un verdadero periodista puede considerar que llegó a la cumbre de la sabiduría y la destreza. Imagino a uno de estos auténticos reporteros en pleno tránsito de esta vida a la otra y lamentándose así para sus adentros: ‘Hoy he descubierto algo importante, pero... ¡lástima que ya no tenga tiempo para contarlo!’”

 

Un hombre comprometido y eficaz. Un periodista preocupado por definir el oficio: “El periodismo no nos permite vivir de ‘lo que fue’, de ‘lo que el viento se llevó’. Al contrario: nos obliga a vivir para lo que es. Un periodista no puede permitir que sus amigos le organicen, como a un pintor, exposiciones retrospectivas.

 

“Tampoco podemos arrullarnos, como las viejas actrices, en la nostalgia del álbum fotográfico o en el recuerdo de aquellas marquesinas que bordaban nuestro nombre con foquitos de colores. Ni andamos por ahí como los veteranos de una guerra ya olvidada, luciendo antiguas condecoraciones y un atuendo pasado de moda.

 

“Los periodistas, como el combatiente sin relevo, vivimos y morimos con el uniforme de campaña puesto y el fusil humeante entre las manos.

 

“Dicho de otro modo menos melodramático: los militantes del periodismo -por vocación y por destino- tenemos que ser, aquí y ahora; y para nosotros ser significa publicar, hacernos oír, ya sea desde una gran cadena de periódicos, o en una modestísima revista provinciana y hasta en una simple hoja volandera.

“Mi homenaje, pues, a tantos colegas que no alcanzan fama ni honores, pero que jamás han desertado del deber profesional un solo día”.

 

Hay hombres que forjan sus propias leyendas. En el periodismo de vez en cuando surgen figuras que rompen los moldes no como un reto, sino porque ello es parte misma de su naturaleza. Manuel Buendía fue de esa estirpe. Lo recordamos siempre.

 

Manuel Buendía fue asesinado seis meses después de publicado su libro La CIA en México. Mi ejemplar tiene una hermosa dedicatoria en la recia letra de su autor: “Para Miguel Ángel, cuyo afecto para mí se vuelve fortaleza de ánimo en la lucha cotidiana de un combatiente por México”.

 

Más de tres décadas después, don Manuel Buendía no descansa en paz. Su muerte clama justicia, pero su ejemplo nos sigue iluminando.

 

 

 

Miguel Ángel Sánchez de Armas

[email protected]

[email protected]

Tuit: @sanchezdearmas

Blog: www.sanchezdearmas.mx

 

 

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Miguel Ángel Sánchez de Armas. : Profesor del postgrado en comunicación de la Universidad Iberoamericana, campus Ciudad de México. Doctor en comunicación por la Universidad de Sevilla. Autor de diversos libros, entre ellos Apuntes para una historia de la televisión mexicana; El enjambre y las abejas: reflexiones sobre comunicación y democracia, y En estado de gracia. Conversaciones con Edmundo Valadés. Fundador de la Revista Mexicana de Comunicación y de la Fundación Manuel Buendía, A.C. Ha sido conferencista en universidades del país y del extranjero y tiene numerosas participaciones en congresos nacionales e internacionales. Ejerce el periodismo desde 1968. Su columna semanal “Juego de ojos” se publica en México, Estados Unidos, Sudamérica y España.
 

 


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    Dejad a los niños...
    De golpe y porrazo, en un tris de anular y gordo, pum caon¡¡ han desparecido en el país miles de niños y niñas de entre los uno a los cuatro años, y los panistas sueltan el llanto, berrean en todo el territorio nacional y acusan a AMLO de traganiños.
    Flap¡¡ se esfumaron los infantes que por generaciones se sucedían en las estancias infantiles de Sedesol (ahora Secretaría del Bienestar), al cumplir los cuatro agresaban pero igual eran sustituidos por otros imaginarios pequeños.
    Por supuesto que al ejército fantasma se le reportaba vivo, de buen diente, y en las bitácoras hasta se contaba con la firma de sus también fantasmagóricos padres o tutores a la hora de llevarlos o bien recogerlos.
    Eran de papel, pero una verdadera mina de oro.
    Los infantes reportaban millonarias ganancias a los dueños de esas guarderías, muchos de ellos de la casta dorada del PAN que regenteaban esos refugios por racimo, de Josefina Vázquez Mota para abajo.
    Y claro, el dolor fue inmenso, algo así como el de una amputación sin anestesia a la altura de los bolsillos.
    No para menos, los alaridos subieron de tono al ver desaparecer en un parpadeo las gordas cuentas bancarias, y luego de que el presidente determinó que  ahora los dineros...irán directo a manos de padres y madres.


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Le llamamos sociodrama, la gente que trabajamos con personas sumidas en las adicciones, realizamos esta actividad. Se trata a grandes rasgos de orquestar una obra de teatro improvisada, en donde se le da un tema al grupo de participantes, previamente se les habla por ejemplo de lo que es la figura materna o paterna, conciencia de la enfermedad, control de impulsos, etc. En general nos permite ver más allá de lo que el paciente habla, dice o defiende. Este mismo orquesta su propio papel ya que entre todos definen quién será quién. Es decir, se pone a dialogar al inconsciente, y básicamente lo que ejercita es escupir eso que se oculta. -Por ejemplo- un hombre que patea perros dentro del sociodrama, habla por si solo de lo que acontece en su cotidianeidad.



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La ironía de estar de lado del Maduro. El gobierno de AMLO se ofrece como mediador para resolver el conflicto, pero no puede resolver el conflicto magisterial de la sección 18 en Michoacán, al que ya le falta poco para cumplir un mes de bloqueos. La CNTE es el sindicato con más poder de choque que hay en México. No se duda de su poder de convocatoria, de lo que si se duda es de que los integrantes sean todos maestros, pero existe una duda mucho más amplia que hace retumbar lo más recóndito de la intelectualidad ¿tendrán cerebro? Para ser maestros no parece. Suponiendo sin conceder, que todos ellos si estén dotados de materia gris, ¿por qué si ya lograron tener la atención del gobierno federal y estatal, aun siguen bloqueando las vías férreas?

 

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Juárez. ¿Ciudad resiliente?

 

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María Luisa García Amaral, además de llamarme pendejo a la menor oportunidad, me decía que la ciudad era la costra de las relaciones sociales. Que en la ciudad se ve reflejada la manera en que la gente vive.

Ciudad Juárez es sucia. Evidencia de ello son los eventos que se anuncian en los postes de la ciudad, la mayoría de mediana calidad e intrascendentes culturalmente, violan los reglamentos municipales, ensucian y a cambio los juarenses les damos nuestro dinero.


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Soy un milagro cuyo origen se desconoce. Yo estuve cuando Dios separo las aguas de la tierra. Asistí al regazo del señor en el primer vagido de Adán. Me quede con la boca abierta al contemplar la hermosura de Eva y al reconocer la otra mitad del género humano. Fui testigo de los afanes divinos para con la mujer. Le ayude a Noé a construir su arca y después del trabajo inventamos el vino para alegrar el corazón. Certifique el incendio de Sodoma y Gomorra. Estuve en África antes de la fundación del imperio romano y estoy contemplando los restos de Troya participe en el concurso  de resistencia de materiales con los que se construyó la muralla china. Estuve con mi Señor en el pesebre.


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