Ciudad Juárez
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Trasfondo
México no quiere ser independiente (¿?)
Carlos Murillo González
Septiembre, al igual que diciembre, deben ser meses para la reflexión y no sólo para celebrar a lo pendejo. Al “mes de la patria” le debemos una muy sincera y profunda introversión antes de invocar a las y los “héroes de la patria”, ¿cómo somos “independientes”?, ¿con quién(es) vamos a “celebrar” la independencia?, ¿somos libres y autónomos(as) o somos autómatas creyendo ser libres? ¿Doscientos años de independencia, independencia de qué?
La Paz, B.C.S – Estoy aquí de nuevo bajo el cielo azul de La Paz para hablar de Félix Córdoba. Treinta y cinco breves años han transcurrido desde aquel verano canicular cuando en la credulidad de mis 26 años me convenció de que no hay entelequias ni fantasías para quienes han aprendido a arar sobre la mar.
Lo recuerdo como si fuera ayer. En una minúscula casita cercana al mar, con un escritorio, una vieja Rémington, un archivero, dos sillas y un pizarrón, aquel hombre que había perdido la cabeza a la manera en que lo predicara Xavier Villaurrutia, dibujó en el aire y ante mi azoro su personal Utopía científica. Después me tomó cordialmente del brazo y me condujo a la playa desierta en donde se mecía una pequeña lancha de pescador –no recuerdo si tenía nombre-, con remos y motor Evinrude de un caballo.
El cambio de un gobierno a otro en nuestra actual democracia parece quedar reducido a un mero trámite burocrático, la entrega de actas, de oficinas y de cargos es, prácticamente, un ejercicio de papeleo, dejando en ello la oportunidad de una revisión profunda de las acciones del gobierno saliente. Si bien es cierto que los mecanismos de rendición de cuentas y transparencia están fincados en los informes de gobierno y las auditorías, el final de un periodo de gobierno tendría que ser también un punto de revisión profunda de los asuntos públicos, no sólo en un sentido de responsabilidad del gobierno saliente, sino como un forma de tener en claro el estado de las cosas que recibe el entrante.
La costumbre de los soterrados acuerdos políticos que permite que el gobierno nuevo “solape” en el peor de los casos o tan sólo deje en las sombras los saldos negativos de sus predecesores hace cada vez más nocivos los procesos de gobierno, pues es claro que no hay deuda que se perdone sin que se lleve un beneficio en ello. Aunque, por otro lado, está el riesgo de caer en la dinámica de la acusación continua, en donde el gobierno que inicia trata de responsabilizar de todo a quien estuvo antes que él. Quizá la mejor vía para evitar ambas dinámicas negativas es que los gobiernos se finquen sobre la transparencia efectiva.
Con la muerte del escritor Carlos Montemayor México está de duelo pero también lo están los habitantes de Lomas del Poleo. Cuando en noviembre de 2008 se informó al escritor sobre la situación de acoso y violencia en que vivían los pobladores de esa colonia del poniente de Ciudad Juárez y se le pidió su solidaridad e intermediación para que la voz de los colonos llegara más lejos, Montemayor no dudó en apoyar esta causa.
Gracias a él, la revista Proceso y el matutino La Jornada enviaron periodistas a esta frontera y ambos medios publicaron en las semanas siguientes reportajes en los que se daba a conocer que en Juárez, desde marzo de 2003, se había inaugurado una heterodoxa forma de gobernar en que las autoridades dejaban el mando de ciertas áreas de la ciudad en manos de particulares.
La sexualidad me impacta, la política me escandaliza
¿Cómo se decide para dónde debe crecer la ciudad? ¿Qué vialidades son primarias? ¿Dónde faltan parques y escuelas? ¿Qué porcentaje del área de un fraccionamiento debe dedicarse a infraestructura pluvial?
Todo eso está especificado en el Plan de Desarrollo Urbano. De Hecho, según el artículo 43 de la Ley Estatal de Desarrollo Urbano, las acciones municipales deben dirigirse a cumplir el Plan. Si las cosas se hicieran como la ley dice, los candidatos no tendrían que estar haciendo promesas y los funcionarios podrían ahorrarse todas sus ocurrencias (por muy bien intencionadas que sean) y hacer lo que técnicamente es viable. Además, el Plan de Desarrollo Urbano, por ley, debe ser sometido a una consulta pública antes de ser aprobado. Esto significa que todos tenemos el derecho de opinar respecto al desarrollo de la ciudad y nuestra opinión puede ser tomada en cuenta.
Lo anterior suena muy democrático, pero ahí les van algunas trabas. ¿Cómo se las arreglan para cumplir la ley y sesgar la participación? El Plan sólo puede consultarse en las instalaciones del IMIP en un horario de oficina. Esto deja fuera a toda la gente que trabaja. Pensemos en la crisis económica de una persona que se pregunta ¿Qué haré el día de hoy, buscar los recursos para alimentar a la familia o me voy a la biblioteca del IMIP a leer un documento de 600 páginas?
Hernán Ortíz
Lo público y lo privado están muy relacionados. Según sean las decisiones públicas, será nuestra vida privada, y nuestra vida íntima se construye a partir de lo que es público.
No es fácil de creer, pero en sólo dos cuartillas les comparto evidencia de lo anterior. Desde explicar cómo se decide sobre esta ciudad, lo cual trastoca los principios mismos de quienes aquí vivimos; y por otro lado la manera en que manejamos nuestro cuerpo, lo cual debe ser algo íntimo pero nos guste o no se ventila de forma pública.
Sin más agradezco sus comentarios y cómo siempre quedo a sus órdenes.
Hernán Ortiz
La sexualidad me impacta, la política me escandaliza
¿Cómo se decide para dónde debe crecer la ciudad? ¿Qué vialidades son primarias? ¿Dónde faltan parques y escuelas? ¿Qué porcentaje del área de un fraccionamiento debe dedicarse a infraestructura pluvial?
Todo eso está especificado en el Plan de Desarrollo Urbano. De Hecho, según el artículo 43 de la Ley Estatal de Desarrollo Urbano, las acciones municipales deben dirigirse a cumplir el Plan. Si las cosas se hicieran como la ley dice, los candidatos no tendrían que estar haciendo promesas y los funcionarios podrían ahorrarse todas sus ocurrencias (por muy bien intencionadas que sean) y hacer lo que técnicamente es viable. Además, el Plan de Desarrollo Urbano, por ley, debe ser sometido a una consulta pública antes de ser aprobado. Esto significa que todos tenemos el derecho de opinar respecto al desarrollo de la ciudad y nuestra opinión puede ser tomada en cuenta.
Lo anterior suena muy democrático, pero ahí les van algunas trabas. ¿Cómo se las arreglan para cumplir la ley y sesgar la participación? El Plan sólo puede consultarse en las instalaciones del IMIP en un horario de oficina. Esto deja fuera a toda la gente que trabaja. Pensemos en la crisis económica de una persona que se pregunta ¿Qué haré el día de hoy, buscar los recursos para alimentar a la familia o me voy a la biblioteca del IMIP a leer un documento de 600 páginas?
El plan se podría poner en la red, en formato electrónico para una mayor distribución. Claro que quedaría fuera toda la gente que no usa Internet, pero sin duda estaría al alcance de mucha más gente que si lo dejamos impreso en el IMIP. Habrá quién diga que es un documento muy grande. Pero actualmente existen planes de este tipo en la página web del municipio. ¿Por qué no se usa el mismo formato para el plan que esta a consulta?
Y bueno, al parecer sí se pueden distribuir copias, pero no electrónicas que son más baratas, sino impresas y tienen un costo de $ 200.00 pesos
Habrá dos consultas el 19 de octubre y el 16 de noviembre ambas a las 11:00. También en día hábil y horario de trabajo. Además todas las observaciones deben hacerse por escrito.
Este esquema de consulta a la ciudadanía, sin duda cumple con la ley. Pero excluye a la mayoría de la población. Es decir, no cumple con la intención de la ley.
Esto refleja, la voluntad política, el grado de democracia de nuestras instituciones, el trabajo de los legisladores y la transparencia del municipio.
El escandalizarse, indignarse y no dejarse, refleja el verdadero amor por NUESTRO municipio, voluntad y entusiasmo por construir una mejor ciudad para heredar a lo más preciado que tenemos, nuestros hijos e hijas.
Por eso digo que la política me escandaliza. No sé a qué intereses sirva la manera en que se cumple con la ley pero se evita la participación. Pero sí sé que atender esos intereses le quita las oportunidades que por derecho le corresponden a muchas familias.
Por otro lado. La sexualidad, cómo la veo hoy en día me impacta.
Se supone que soy un tipo de mentalidad abierta y tolerante. Tal vez sea por viejo o que me he empeñado en no perder la capacidad de asombro, pero debo confesar, no sé si por cínico o exhibicionista, que no estoy acostumbrado a las manifestaciones de amor homosexual en lugares públicos.
He visto en fiestas y bares a hombres besando hombres y mujeres besando mujeres. De hecho yo acostumbro a besar a mis hijos... hace poco me dijo uno de ellos que le daba pena que lo besara en público.
La semana pasada vi a un par de jóvenes varones hacerse mimos en el transporte público. Tenían los brazos entrelazados, acariciaban sus manos y uno apoyaba su barbilla sobre el hombro de otro. El amor siempre es bello, de eso estoy seguro, es solamente que todavía no me acostumbro a ver de forma tan pública todas sus manifestaciones.
Por unos pasillos de la universidad vi a dos chicas besarse y acariciar sus cabellos. De igual manera no me pasó desapercibido.
Mi mente me dice que todos tenemos derecho a practicar nuestra sexualidad como mejor nos parezca. Para mi es muy duro reconocer que no estoy acostumbrado a ello. Cuando veo que besos y caricias entre gente del mismo sexo son tan públicos, pienso que debo enseñar a mis hijos la sexualidad de una manera distinta a cómo me la enseñaron a mí.
Cuando era niño, el ser marica era una ofensa y nada peor que obtener el título de “vieja el último”. Cuando fui joven nada era peor que ser puto y mi padre no me dejaba sólo en la misma habitación que mi tío que murió de SIDA.
Ese mundo en el que me educaron no es posible el día de hoy. La sexualidad es algo íntimo pero se construye de una forma pública. Ahora debo aprender nuevas formas de entender la sexualidad. No por mí. Es para acompañar mejor a mis hijos e hija.
La sexualidad me impacta, no puedo ser indiferente ante lo que pasa. La política me escandaliza, porque no debe ser así y mis principios me impiden quedarme callado. Mis principios son algo que descubrí ya siendo adulto, y por cierto, nada tienen que ver con la sexualidad, son una idea entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto. Descubrí que el quedarme callado me hace cómplice de lo malo y lo incorrecto. Eso no significa que mi conducta sea irreprochable. Significa que no me hago güey y sé perfectamente cuando estoy haciendo algo indebido y que tengo razones para haber actuado de tal o cual manera. Puedo mirar a mis hijos a los ojos y explicarles el porque denuncio o el porque me resisto a una ley que me parece injusta.
Igual podré verles el día de mañana y sabrán que las cosas son porque puse un grano de arena y no porque dejé de hacer.
Hernán Ortiz, Maestro en Ciencias Sociales por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez y antropólogo por la Universidad Veracruzana. Actualmentedesempeña como Docente Investigador en la UACJ y es director de la Organización Ciudadanos por una Mejor Administración Pública (http://www.cimap.org.mx)
A oscuras, así como para ajustar el escenario a la matanza.
Dilema y todo, los regidores PRI-PAN se emperran en "no aprobar cosas que no conocemos", como ese contrato de alumbrado público.
Es otra, una más de las transas en veremos -como la del Transporte Semimasivo- que los ediles se niegan a tragar, e insisten en quitar a Reyes Ferriz el gesto de castidad.
Quieren saber a donde se va tanto dinero; creen que la deuda llegará los 900 millones: una tercera parte del presupuesto de la siguiente administración.
Como están las cosas, casi cada reportera o reportero en Chihuahua, y en muchos estados de la República, deviene corresponsal de guerra. Pocas veces en la historia había sido tan riesgosa esta profesión en México, pocas veces tan necesaria. En esta interminable cuan ineficaz guerra decretada por Calderón, las y los trabajadores de los medios, sobre todo reporteros y fotógrafos, son no sólo testigos, también protagonistas de esta dolorosa historia social.
Una terrible prueba de la importancia de la labor de los trabajadores de la prensa, a la vez que de la molestia que ésta provoca en los poderes, ya sea institucionales, ya sea fácticos, son las numerosas agresiones que han padecido y que hacen de nuestro país el segundo más inseguro en el mundo para ejercer la profesión. Agresiones que pueden venir tanto de los criminales, como de los supuestamente encargados de combatirlos.
Mi estancia en la maquila duro un tramo de seis años. En aquella primera etapa recurrí a esta porque salí corrido de la prepa. En la segunda solamente fue por el placer de ser. Para entonces había dos fiestas por las cuales la gente se preocupaba: el dia de campo en verano, y la posada navideña. Ambos eventos rendían muchos frutos, pues la primera era donde se regalaban todas las chelas y en la segunda también. Había música y algún año de vacas gordas había mariachis, pero lo que nunca faltaba era la tragazón en abundancia. Se ponía bueno porque todos precian muy amables, acudían también los gringos “cacas grandes” y acarreaban a su familia, también los gerentes hacían lo mismo, tiraban más crema que los hueros, pero es de mencionar que sí le bajaban dos rayitas. Los maquilocos invitaban a sus familias, su servidor siempre con los cuates, sabía que habría cerveza y no podía desaprovechar quedar bien con Lupillo “el Teki” Sánchez, finalmente era barra libre yo pagaba todo.
Vivir en el Centro tiene muchas ventajas. Cuando pasamos por la esquina de Melchor Ocampo y Morelos, El Angustias suele regalarle fruta a mis hijos, y si son tunas hasta las pela para que se las puedan comer. Si visitamos a Don Tony, el de la farmacia, puede robarle una sonrisa a mi hija en su peor enfado y también le regala unas galletas a sus hermanos para verlos contentos. La señora que vende lotería, premia la educación del más pequeño pues le da unas golosinas si dice “buenas tardes”. Cuando compramos queso siempre nos regalan una pequeña porción extra. Incluso, si al ir a desayunar a Saul´s Jr. se me olvida el periódico, no hay problema, pueden ir a traerlo.
Lo malo de vivir en el Centro es ver la cantidad de usuarios de drogas ilegales que vagan con la mirada perdida, algunos se quedan en la esquina, hay quietecitos nomás guardado el equilibrio, otros no lo logran y caen al suelo poco a poco. Nunca sé si logran levantarse. Una vez vi a uno acostado en la puerta de una casa abandonada, las moscas entraban y salían por su boca, pensé que estaba muerto, pero al pasar de nuevo ya no estaba. La policía es inútil, los veo a menos de tres metros de donde los narcomenudistas venden sus bolsitas en plena calle.
A la información que día a día nos entregan los medios impresos no se le concede reposo, nos inunda con la nota roja del combate a la delincuencia organizada, de manera destacable en este sexenio. De la exaltación del debate entre los actores ya nos hemos acostumbrado como prueba fehaciente del pluralismo político. Y de la publicidad oficial una palabra la califica, es inmisericorde. Por querer encontrar lo relevante de la coyuntura perdemos la ominosa estructuración de un régimen policial y clerical que avanza frente a nuestros ojos. Pocas voces se atreven a denunciar estas amenazas en contra de las libertades conquistadas por la Independencia, la Reforma y La Revolución.